El título original de la novela (Corpuri de iluminat) se refiere, en realidad, a las lámparas eléctricas. Este sintagma puede verse en las tiendas de lámparas de Bucarest, donde se desarrolla la acción de
la novela. Sin embargo, la expresión rumana empleada para denominar estos objetos cuenta con un doble sentido: su traducción literal es “cuerpos que deben ser iluminados”, pero también “cuerpos que necesitan luz”. Traducida al inglés con el título de Dark Bodies, la acción de la novela tiene lugar en los momentos oscuros, desde el punto de vista político, del Bucarest de los años 80, hacia el final de la época de Ceauşescu. Un periodo que se hizo famoso por el frío, el hambre y los frecuentes cortes de luz, dado que, por la noche, se ahorraba electricidad para destinarla casi exclusivamente a
la industria. No es casual, por tanto, que la necesidad de iluminar anunciada por el título (que hoy en día sigue teniendo la misma relevancia para todo el mundo contemporáneo) establezca una conexión entre la situación concreta de aquel periodo y los temas, personajes y técnicas narrativas de la novela.
La necesidad de luz se manifiesta cuando Sandu, el protagonista de la novela, músico de jazz y antiguo rocker, se despierta en la noche de Pascuas por culpa del ruido provocado por la pelea que tiene lugar en casa de una familia perteneciente a las nuevas capas pobres de Bucarest. En el pasillo lo espera una conversación demencial: un vecino gordo, que apenas si respira, le hace a Sandu una serie de preguntas sumamente personales de un modo grotescamente amistoso. Las preguntas vienen, en realidad, de parte del Sr. Făinuş, un agente de
la Securitate que, tal y como se acabará viendo más tarde, desempeña el papel del diablo en este relato en el que se llevan a cabo pactos faustianos.
Esta novela nocturna, que nos habla de la oscuridad fundamental de unas almas por iluminar, empieza precisamente en medio del espacio comunista: una geografía caracterizada por los barrios de bloques, los ascensores estropeados, los pasillos a oscuras y el frío, una geografía habitada por una población urbana de almas desenraizadas que merodean por las calles y, en la noche de Pascuas, siguiendo la tradición ortodoxa, regresan de la iglesia con las velas encendidas. En cuanto a los protagonistas, Sandu y Pia forman una pareja de enamorados. Su historia empieza con la belleza bohemia de una vida desordenada, con la pobreza y la frustración, con la mujer más fascinante y el tío más guay. Durante un tiempo ambos desafían “la presión y la bulimia de la realidad que los rodea, parapetados en el fortín de su irrealidad, construida a base de amor, lo cual es un milagro”. Un milagro que dura poco. De repente, la mujer se cansa de tanta pobreza, descubre que está embarazada y, además, empieza a darse cuenta de que Sandu está dedicado en cuerpo y alma a su arte, lo cual se opone a su naturaleza felina, a su esencia de animal depredador, que trata de expresar y manifestar en el plano de
la realidad. Una Emma Bovary de los barrios de bloques, abierta a la seducción y agotada por culpa de las aventuras fracasadas. Pia muere tras ingerir cuarenta pastillas de Luminal. No es, sin embargo, el único personaje vulnerable a la seducción: también Făinuş tiene a Sandu en el punto de mira.